Lamentamos no poder dar información sobre la autora, pero en este momentos no disponemos de ellos, propuraremos solventar dicho fallo.
©Ana Valle (de los textos)
©Elena Ordoñez (de las ilustraciones)
Edita: El autor
Depósito Legal: MA-768-01
Imprime: Imprenta Galindo S.L. Ronda.
Uno de sus textos
Tus ojos
Siempre me estabas mirando. Con los ojos como planetas faltos de luna y de luz, me mirabas desde lejos o desde las curvas de mi propia sombra y yo te correspondía con otra mirada en los ojos del revés, con la oscuridad de mis espejos que no eran tuyos pero eran para ti. Por detrás del aire se abrían las pancartas del aliento, ¡ay mi amor si fueras agua y yo tierra!, y al caminar hacia delante, sin vernos, pero con las fraguas del estómago poniendo candelas en la trayectoria de tu luz y mi rayo, componíamos caricias como sonatas que sacaban música de los pasos grises bajo el viento.
Y no podías quererme ni yo quererte a ti.
Siempre me estabas mirando. Sabías eso, como te sabías mi
nombre llano igual que un terrizo desde lejos, como sabías que
nunca podrías dejar dé mirarme, ni de día ni de noche, aunque qui¬
sieras prender mi recuerdo a una hora exacta y dejarlo perecer en el
pasado, chamuscado en la turbulencia de las agujas al pasar entre
las diez y el amor: todos los relojes tienen agujas para asaetear a los
amantes, lo han dicho siempre los poetas y ellos no mienten nada
más que cuando pueden.
Tu quemas dejar de mirarme, pero para eso tendrías que sa¬carte los ojos y ponerlos sobre la mesa del patio, llenarlos de luz hasta los mismos bordes, hasta que se pusieran amarillos y calientes como soles pequeños, como astros de espigas arremolinadas.
Pero me miras así, con dos lunitas luneras que no tienen claridad más que para buscarme, para allanar las muchedumbres y sacar de entre ellas las puntas de mi pelo y tirar de mí, tirar de mí como de un ahogado y arrastrarme hasta tus campos, las mediaciones de tu pupilas, ¡ay amor, otra vez ante tus lunas!
